domingo, 26 de abril de 2009

¿Qué pasa con Las venas abiertas de América Latina?

Marcos Roitman Rosenmann*
No entiendo el revuelo causado tras la donación del presidente de la República Bolivariana de Venezuela a su homónimo estadunidense del ensayo Las venas Abiertas de América latina. Dicho gesto está derramando más tinta informativa que la persecución por parte del gobierno de Daniel Ortega a las mujeres que abortan, que las políticas represivas de la presidenta Bachelet a las comunidades mapuches, que las matanzas de campesinos a manos del gobierno de Álvaro Uribe o el asedio a las comunidades zapatistas por parte del gobierno de Felipe Calderón en Chiapas. Sin olvidar el silencio mediático a las acciones del gobierno de Lula contra el movimiento de los sin tierra o la entrega de la selva Amazónica a las trasnacionales. Y qué decir del enmudecimiento al elevado nivel de corrupción del gobierno de Cristina Kichner en Argentina.
La sociedad del espectáculo prefiere la farándula. Se apegan a lo fácil y lo superficial. Acertado o no el regalo, quien debe opinar, tras su lectura, es el agasajado. O acaso, preferían que le entregase una edición de las Obras completas de Simón Bolívar o Francisco de Miranda. Tal vez debía inclinarse por Howard Zinn y su famosa La otra historia de los Estados Unidos. No, en su fuero interno, el presidente venezolano optó por Las venas abiertas de América Latina, una entre otras muchas. Sin duda, hubo quienes le aconsejarían haber pensado en Nuestra América, de José Martí, o Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, o Doña Bárbara, por hacer patria. Las posibilidades eran múltiples. En cualquier caso, para los representantes de los medios de información pertenecientes a los grandes monopolios informativos, la noticia estaba en el gesto y su protagonista, el presidente Chávez. Una vez acotado el autor del gesto, lo siguiente venía rodado. Haga lo que haga, siempre lo hará mal y será un acto vulgar y caricaturesco. Es la lógica esquizofrénica del doble vínculo, propio de la siquiatría clínica aplicada a la crítica política. Ante dos opciones sea cual sea la elegida, el hacedor será siempre cuestionado por elegir la opción equivocada. Forma parte de una construcción paradójica y ofrece la posibilidad para deslegitimar la decisión. En este caso, sólo ha faltado mencionar que no contento con elegir mal, su arrogancia le hizo olvidar que Obama no lee en castellano. Un doble insulto. Debía haberse informado y optar por la versión en lengua inglesa.
Sin embargo, saltándose el protocolo, tuvo el descaro de darle la mano y ofrecer el tan traído ensayo. A continuación se urden estratagemas interpretativas de diván sicoanalítico para explicar el motivo secreto de tal acto. ¿Qué esconde la intención? ¿Pretende lavar el cerebro de Obama?
Al día siguiente de dar la noticia, muchos se apresuraron a comprar el susodicho titulo, disparándose sus ventas. Seguramente Eduardo Galeano recuerda hoy con cierta nostalgia de autor, al final de la campaña del PSOE, en medio del discurso compulsivo de Javier Solana contra la OTAN, su presencia en la Plaza Mayor de Madrid, apoyado en los soportales, con una mesa plegable, vendiendo Las venas abiertas. Pocos lo reconocimos. Hoy deberá estar pendiente para que no le esquilmen sus derechos de autor. La historia no olvida.
Sin embargo, el gesto del presidente Chávez se torna un factor más, en manos de sus detractores, para desacreditar a la República Bolivariana y su presidente. Así, se emprende una diatriba contra su política interna entre los cuales podemos destacar los programas de vivienda social, educación, salud popular y de participación en el proceso de toma de decisiones en políticas públicas antes reservadas a la clase política. Es un populista y un caudillo, se dirá. Igualmente, se arremete contra su acción exterior. Se busca deslegitimar su política en América latina. Desde el proyecto de la Alba, la creación de un banco regional y adopción de una moneda única, el Sucre, pasando por sus denuncias contra el bloqueo hacia Cuba o su defensa al gobierno constitucional de Evo Morales.
Hay muchos que ven en sus palabras y actos, un obstáculo para seguir esquilmando las riquezas naturales y vivir como auténticos plutócratas, en medio de la miseria y la explotación de sus connacionales. En este sentido, no les gusta su empeño en promover una América Latina soberana en el terreno internacional. Es por este motivo y no otro que atacan a su persona y sus actos, sea cual sea su índole. Puede ser desde un regalo, cantar en una fiesta, dar el pitido inicial a un partido de futbol o beisbol. Todo se puede utilizar en su contra y sirve para tal propósito. En este caso ha sido un libro, el contenido y su autor es lo de menos. Otro hubiese sido igualmente útil para la ocasión.
Seguramente Las venas abiertas de América Latina resumen de forma épica las luchas de los pueblos latinoamericanos y ninguno de los hechos relatados es falso. Recoge fielmente algunos de los momentos degradantes de la actuación del imperialismo y las clases dominantes de nuestro continente, a la par que expone con dolor, en ocasiones con frustración, las luchas de las clases oprimidas por la dignidad, la democracia y la justicia social. Estoy convencido que ha sido esta manera de presentar la historia desde abajo lo que más irrita a sus detractores. Ello pone en evidencia como son y como se comportan las oligarquías y aristocracias latinoamericanas, junto con sus socios europeos y de Estados Unidos. Se sienten insultados.
En España, sin ir más lejos, el corresponsal para la cumbre de Trinidad y Tobago, Antonio Caño, opta por descalificar la obra al adjetivarla de calenturienta, maniquea, izquierdista, poco rigurosa y falta de objetividad. Opinión a la cual se sumarían tertulianos adscritos a las cadenas de radio y televisión, públicas y privadas. Así, un sin número de personajes de la farándula política decidieron aplicar la inquisición y dar puyas a su autor. Los detractores del gesto del presidente de la República Bolivariana de Venezuela, encuadran Las venas abiertas en una visión esquemática proveniente de una generación de revolucionarios anticapitalistas llena de rencor hacia Occidente y su cultura. Hoy recogen su relevo antisistémicos y globalofóbicos. Hugo Chávez recoge el testigo, siendo el verdadero motivo para regalarlo al mayor representante de la democracia, la libertad y el respeto a los derechos humanos en el mundo. ¿Tal vez buscaba su reconversión? Todo es posible. Aun así, Las venas abiertas de América Latina tiene vida propia. No deja de alertar sobre lo estúpido de guardar silencio ante tanta ignominia.
*Publicado en el períodico La Jornada

BAJO LA LUPA

Brzezinski: del G-20 al G-2 para “cambiar al mundo”
Alfredo Jalife-Rahme

Con la cómica excepción de Calderón y sus mejores financieros del mundo”, destaca que, a menos de un mes de su celebración (en el doble sentido), los círculos anglosajones de poder no están muy convencidos de los resultados de la cumbre disfuncional del G-20 en Londres.
La prensa británica en su conjunto ha pasado al sabio escepticismo, en el que resalta Martin Wolf, editor de economía de The Financial Times, rotativo portavoz de la globalización neoliberal, y quien cinco días más tarde a la cumbre da carpetazo al G-20 para ubicar el foco de atención de la crisis financiera global al G-2 (Estados Unidos y China).
Henry C. K. Liu –nacido en Hong Kong, educado en Harvard, de formación arquitecto y urbanista, quien luego montó una casa de inversiones en Nueva York, y prolijo colaborador del portal Asia Times– saca a colación con más de tres meses de retraso (22/4/09) la audaz propuesta de Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter e íntimo de Obama, para establecer un G-2 entre Estados Unidos y China que “puede cambiar al mundo”.
Liu narra que Brzezinski lanzó “su propuesta para un G-2 entre Estados Unidos y China en una conferencia que impartió en Pekín el 13 de enero, una semana antes que Obama tomase las riendas del poder en Washington, para conmemorar (sic) el trigésimo aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y China”.
Los detalles, que pueden sonar aburridos, son fundamentales: “la conferencia fue apadrinada por el Instituto de Relaciones Exteriores del Pueblo Chino y el Instituto Kissinger sobre (sic) China y EU, y coapadrinada por el Comité Nacional de las Relaciones Estados Unidos-China, con el apoyo de la embajada estadunidense en Pekín y la cancillería china”.
La “amplia delegación” estadunidense estuvo encabezada por el ex presidente Carter (“durante cuya administración se establecieron formalmente las relaciones”), el anterior secretario de Estado, el republicano Henry Kissnger, y los anteriores asesores presidenciales de Seguridad Nacional, el republicano Brent Scowcroft y el demócrata Brzezinski, quienes fueron formalmente recibidos por el presidente Hu Jintao, el vicepresidente Xi Jinping y el primer Wen Jiabao.
En el resumen formal sobre su conferencia publicado de su puño y letra en The Financial Times (13/4/98), Brzezinski recuerda que Carter lo “había enviado a China en 1978 para iniciar las negociaciones secretas (sic) que resultaron en la normalización de las relaciones sinoestadunidenses”. Conjetura que “nuestro mundo es diferente, mejor (¡supersic!) y más seguro (¡extrasic!) debido a tal normalización”. ¡Se voló la barda Brzezinski!
Afirma que el “efecto” de tal cooperación en seguridad que benefició a ambos actores “fue cambiar el tablero de ajedrez global de la guerra fría en detrimento de la URSS”. Aflora la legendaria rusofobia del polaco-canadiense-estadunidense Brzezinski y la proverbial perfidia de Kissinger, quien se dedicó a tomar el pelo a los ingenuos soviéticos mientras los vendía a los chinos.
A juicio de Brzezinski, “en forma indirecta (sic), la normalización facilitó la decisión de Deng Xiaoping en llevar a cabo una reforma económica integral”. Queda claro, como hemos observado antes, que las reformas chinas de relativa apertura de su mercado no se gestaron en el vacío, sino en el marco de un arreglo geoestratégico entre Estados Unidos y China contra la URSS que ya habían amarrado Nixon y Kissinger en 1972 (para que no se luzca tanto Brzezinski).
Queda más claro que Kissinger y Brzezinski son las dos caras, una republicana y otra demócrata, de la misma moneda del irredentismo geoestratégico de Estados Unidos.
Brzezinski sopesa el estatuto presente de la relación bilateral en términos geoestratégicos y cita a la revista Liaowang (14/7/08) que describe la presente relación entre Estados Unidos y China como de “una interdependencia compleja” en la que “ambos evalúan al otro en términos pragmáticos y moderados” y en la que “ambos pueden competir y consultar dentro de las existentes reglas internacionales”.
Viene una frase que ha perturbado a los geoestrategas chinos: “una China en ascenso global es un poder revisionista (¡supersic!) al desear cambios en el sistema internacional”. Luego diluye su vino y considera que “los cambios que busca China los hace en una forma paciente, prudente y pacífica”. Pues sí: todo lo contrario del abordaje bushiano del que epifenomenológicamente hasta ahora Obama desea alejarse.
Se deduce que China ha cambiado más que Estados Unidos: “su pensamiento estratégico” se ha alejado del “conflicto de clase global (sic) y revolución violenta”, para situarse en el “ascenso pacífico” en la influencia global en búsqueda de “un mundo armónico”.
Brzezinski padece fijación mental por el término “global”, que en su libro –El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía (sic) de EU y sus imperativos (sic) geoestratégicos– representa el dominio del poder que creyó eterno de Washington y que en 13 años, desde que lo escribió en la etapa del paroxismo unipolar, ha pasado aceleradamente a su implosiva decadencia.
Coloca el contencioso del “programa nuclear de Norcorea” como una de las áreas donde “ambos pueden lidiar con desacuerdos residuales o potenciales”. Mientras Estados Unidos y China entiendan “la centralidad” de su “interdependencia”, entonces podrán lidiar con todo tipo de contenciosos.
Desde su proclividad megalomaniaca, Brzezinski propone un “gran objetivo compartido” que “expanda y profundice la cooperación geoestratégica”, más allá de la “necesidad inmediata para una estrecha colaboración para lidiar la crisis económica”. Las finanzas y la economía no son el fuerte de Brzezinski y se las prefiere dejar a la tripleta monetarista de Obama:Summers-Geithner-Bernanke, que no es muy negociadora que se diga con China.
Brzezinski define fluidamente los tres ámbitos de “gran cooperación geoestratégica”: 1. participación directa al diálogo con Irán; 2. consultas, primero, y luego, mediación informal en relación con India y Pakistán, y 3. la resolución del conflicto israelí-palestino.
Los tres ámbitos parecen representar la “zanahoria” diplomática de Brzezinski que resguarda el “garrote” bélico en caso de fracasar y donde China sufriría las consecuencias letales, las cuales nos atrevemos a traducir y subdividir en “petroleras” (por la interrupción del abasto en la región del Gran Medio-Oriente que incluye a Irán) y “nucleares” (la “calamidad regional” por un enfrentamiento atómico entre India y Pakistán, ambas fronteras con China).
Bajo la amenaza explícita del choque huntingtoniano de civilizaciones, permea el poder de daño altamente letal que Estados Unidos puede infligir a China (si no se pliega al modelo del G-2) en el “Gran Medio-Oriente”, específicamente en Palestina, Irán y el subcontinente indio.
¿Aceptará de nuevo China el pacto faustiano que propone Brzezinski, secundado por Kissinger, para cercar otra vez a Rusia? ¿Dónde quedaría la armonía multipolar?

INFLUENZA