domingo, 15 de febrero de 2009

Bajo la Lupa por Alfredo Jalife-Rahme



EU cambia de enemigo: ahora es la depresión económica


Después de un poco más de siete años, que abarcan las dos cataclísmicas gestiones del bushismo, Estados Unidos cambia su fracasada “guerra contra el terrorismo global” por la “amenaza de la depresión económica y sus implicaciones geopolíticas”.
La llegada de Obama, que hereda un país y el globo en descomposición, opera el viraje, como se desprende de la ponencia el pasado 12 de febrero del almirante Dennis C. Blair, director de los servicios nacionales de inteligencia (que aglutinan a las 16 agencias de espionaje), ante el comité especializado del Senado: “En el corto plazo, la primera preocupación en materia de seguridad de Estados Unidos es la crisis económica global y sus implicaciones geopolíticas”.
Pasamos de la hollywoodense “guerra contra el terrorismo global” a la cruda realidad de la crisis financiera y económica: “la más seria en décadas, si no en siglos”, según Dennis C. Blair, quien refirió insistentemente las consecuencias geopolíticas y sociales de las décadas de los 20 y los 30.
Ubica el inicio de la crisis a principios de 2008 (y no al 15 de septiembre, cuando el banco de inversiones Lehman Brothers “quebró”, habiendo previamente expatriado 400 mil millones de dólares a Israel), lo que lo lleva a deducir que las turbulencias políticas y las desestabilizaciones serán incandescentes el año entrante.
Constata que la “cuarta parte (¡súper-sic!)” de los países del mundo sufren las consecuencias desestabilizadoras de “baja intensidad” que se expresan en “cambios de gobierno”. Hasta ahora, el “grueso de las manifestaciones antigubernamentales” se han escenificado en Europa y en los países de la ex URSS. Sobre México alertó que “sería fuertemente golpeado si la recesión se prolonga”.
Con todo y su entreguismo, el “México calderonista” es considerado como un “país fracasado” por la CIA, el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, mientras Stratfor (13/2/09) reitera la ingobernabilidad del régimen calderonista.
Ahora Dennis C. Blair señala la amenaza de que la crisis provocará sublevaciones el año entrante debido al oleaje del derretimiento financiero en los mercados emergentes, donde el crecimiento económico se ha desplomado en forma dramática: “gran (sic) parte de Latinoamérica, la anterior URSS y el sub Sahara africano carecen de reservas de divisas suficientes, acceso a la ayuda internacional o crédito”. ¿A poco Estados Unidos cuenta con suficientes reservas de divisas?
Se basa en “modelos estadísticos” que demuestran que las “crisis económicas incrementan los riesgos de inestabilidad que amenazan a los regímenes en caso de que duren un lapso mayor de uno a dos años”.
Refiere que los mismos economistas no se ponen de acuerdo respecto a cuándo tocará fondo la crisis. Es cierto: los “optimistas” aseguran tres años y los “pesimistas” apuestan a una generación entera.
Cita que “incluso algunos temen que la recesión pueda profundizarse y alcanzar el nivel de la Gran Depresión (¡súper-sic!)”.
Por alguna razón, Dennis C. Blair concede crédito a los profetas de la Gran Depresión, porque también los pudo haber ignorado: “todos recordamos las dramáticas consecuencias políticas ocasionadas por las turbulencias económicas de la década de los 20 y los 30 en Europa, la inestabilidad, y los altos niveles de extremismo violento”. Mínimamente se pudiera aducir que los 16 servicios de inteligencia de Estados Unidos se encuentran alertas en su radar a la aparición de la Gran Depresión.
No aborda expresamente las “implicaciones geopolíticas” de la doble crisis financiera y económica, pero las deja entrever bajo el factor “tiempo”, que será determinante para socavar los intereses estratégicos de Estados Unidos: “El tiempo es probablemente nuestra mayor amenaza. Mientras más largo sea el inicio de la recuperación, mayor será la probabilidad de daño severo (¡súper-sic!) a los intereses estratégicos de Estados Unidos”.
En el cronograma de la década de los 20 y los 30 del siglo pasado, sabido es que la Gran Depresión desembocó en el ascenso del nazismo y en la Segunda Guerra Mundial, cuyo desenlace fue exitoso para Estados Unidos, que salió airoso con el acaparamiento aproximado de 50 por ciento del PIB mundial (ahora anda en 25.3 por ciento, y cada vez más declinante, cuando ha sido desplazado por la Unión Europea –UE–, con 31 por ciento).
Un sector bancario del bélico eje anglosajón, cuyo conspicuo portavoz es Ambrose Evans-Pritchard (ver Bajo la Lupa, 7/12/09) se prepara obscenamente a otra guerra mundial que tanto anhela Norman Podhoretz, teórico neoconservador muy cercano a Israel.
Otro paralelo con la década de los 30, a su juicio, versa sobre el “desencadenamiento de un oleaje de proteccionismo destructivo” y las guerras comerciales que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial. Si algún país tiende en este momento al neoproteccionismo es justamente Estados Unidos, lo cual afloró con la aprobación del paquete de estímulo económico por el Congreso que bajo piruetas semánticas obliga a “comprar estadunidense”.
Aunque no especifica las “implicaciones geopolíticas”, se deduce que las fronteras de Estados Unidos, la UE y el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) serán incandescentes e indecentes, lo cual tendrá consecuencias estratégicas devastadoras en la cartografía mundial.
En una sana autocrítica, Blair sacó a colación el daño que la crisis ha causado a la credibilidad de EU en todo el mundo: “la percepción ampliamente sostenida de que los excesos en los mercados financieros de Estados Unidos y las regulaciones inadecuadas fueron responsables ha incrementado la crítica sobre las políticas del libre mercado, que pueden dificultar conseguir los objetivos (sic) de largo plazo de Estados Unidos”.
Luego entonces, ¿el libre mercado facilita(ba) la implementación de los objetivos unilaterales de Estados Unidos?
Dennis C. Blair, anterior mandamás del Comando del Pacífico, ha exhibido una peculiar debilidad por los negocios neoliberales (su membresía en EDO, adquirida por ITT, y Tyco Intl.), razón por la cual, quizá, se exceda en sus críticas nada militares al proteccionismo.
Peor aún: asegura que el colapso de Wall Street “ha aumentado el cuestionamiento en la conducción de la economía global y la estructura financiera internacional por Estados Unidos”.
Aquí discrepamos con Dennis C. Blair: siempre existieron “cuestionamientos” muy severos desde hace mucho tiempo sobre el unilateralismo financiero, económico, militar y político de Estados Unidos (producto de la perniciosa unipolaridad), que tanto daño provocó en el mundo.
No fue sino hasta que Estados Unidos exhibió sus vulnerabilidades militares (v.gr. en Irak y Afganistán; su aliado Israel en el sur de Líbano y en Gaza; y el eje Estados Unidos-Israel en Georgia) que los grandes (la UE y el BRIC), medianos (v.gr. Irán) y pequeños (v.gr. Bolivia) comenzaron a rebelarse y a revelarse con la nueva exigencia imperativa de reconstruir el mundo que dejó hecho añicos el régimen torturador bushiano

Insta AMLO a los legisladores a cambiar la política económica



Diputados y senadores “tienen todavía la oportunidad de actuar a la altura de las circunstancias y reivindicarse como verdaderos representantes populares, si cambian, en definitiva, la política económica que sólo atiende a los privilegiados de siempre y ha llevado a la bancarrota al país”, afirmó Andrés Manuel López Obrador, luego de advertir que la nueva realidad que plantea la crisis demanda una visión y una política diferentes.
Ayer por la tarde, frente a las oficinas de la Secretaría de Hacienda y ante centenares de simpatizantes, López Obrador leyó una carta que envió al panista Gustavo Madero Muñoz y al priísta César Duarte Jáquez, presidentes de las Mesas Directivas de las cámaras de Senadores y de Diputados, respectivamente en la que reitera su llamado a reorientar el gasto público y proteger a los mexicanos ante el agravamiento de la crisis económica, así como el de remover al titular de Hacienda, Agustín Carstens, quien, dijo, ha evidenciado su incapacidad para lidiar con la crisis.
Recuerda a los legisladores que el 28 de septiembre pasado propuso convocar desde el Congreso a un acuerdo entre las fuerzas políticas y sectores económicos y sociales, para instaurar un plan anticrisis, lo cual fue ignorado, así como el Programa para la defensa de la economía popular que les hizo llegar el 4 de noviembre, cuando estaba por aprobarse la Ley de Ingresos y el presupuesto de 2009.
“Por esta razón, y dada la gravedad del asunto, de nueva cuenta les volvemos a insistir en que se deben tomar medidas urgentes para cambiar la política económica, empezando por reorientar el gasto público y destinar fondos al desarrollo económico y social del país”, por lo que planteó cinco puntos de inversión y uno de ahorro, que permitirían dar destino productivo y social a 200 mil millones de pesos.
De manera específica, dijo, se puede ahorrar esa cantidad reduciendo a la mitad los sueldos, “desde el presidente espurio” hasta los directores generales y adjuntos del Poder Ejecutivo federal; las percepciones de jueces, magistrados y ministros de la Suprema Corte de Justicia; de los consejeros del IFE y magistrados del Tribunal Electoral; de diputados federales y senadores; suprimiendo las partidas de fondo de ahorro especial y de gastos médicos para atención en hospitales privados de la alta burocracia y cancelando las pensiones millonarias a los ex presidentes de México, además de eliminar otros “privilegios”.
“Absurda política”
A partir de la aplicación de un plan de “austeridad republicana”, en una primera etapa se pueden destinar apoyos al campo para la producción de alimentos, toda vez que los 16 mil 800 millones que este año se aplican para el Procampo, no son suficientes para apoyar la producción.
“Es indispensable hacer a un lado la absurda política de comprar los alimentos afuera, cuando podemos producir en el país lo que consumimos, generando empleos y atemperando el fenómeno migratorio”. Para este sector, dijo, se destinarían 20 mil millones de pesos.
Destinar cuando menos 40 mil millones de pesos para la banca de desarrollo, para garantizar créditos a las pequeñas y medianas empresas. Aclaró que el fondo de 50 mil millones de pesos que está ejerciendo “el gobierno espurio, supuestamente para este propósito, se está dedicando realmente a apoyar a las grandes empresas en sus emisiones de papel comercial, como Cemex, Coppel, Soriana y Comercial Mexicana”.
La propuesta contempla disminuir las tarifas de energía eléctrica, con un costo de 15 mil millones de pesos, así como la reducción de precios de gasolina y gas en 10 por ciento, y de diesel en 15 por ciento, lo que requerirá de 35 mil millones de pesos. Con ello se daría un aumento real en el ingreso y se reduciría la inflación.
Apremió a destinar recursos para adultos mayores, madres solteras, personas con discapacidad, comedores populares, becas para estudiantes de escuelas públicas, atención médica y medicamentos gratuitos para quienes no cuentan con seguridad social.
Finalmente, insistió en derogar el IETU, pues, aseguró, no hay mejor manera de apoyar a las empresas y dar un alivio a la carga fiscal de los trabajadores que eliminar este impuesto injusto que causa gravámenes superiores a la capacidad de pago de los contribuyentes. Esta medida tendría un costo de 50 mil millones de pesos.
López Obrador convocó a una nueva reunión, el martes 17 de febrero, frente a la Cámara de Diputados, para conocer la respuesta de los legisladores a esta carta. Antes del tabasqueño hicieron uso de la palabra Mario Di Costanzo, funcionario del “gobierno legítimo”; Porfirio Muñoz Ledo, coordinador del Frente Amplio Progresista, y el diputado federal Antonio Almazán.

domingo, 8 de febrero de 2009

Bajo la Lupa por Alfredo Jalife-Rahme

¿Empezó la “desglobalización”?
Este año fue notoria la sequía de ideas en el Foro Económico Mundial celebrado en la necrópolis de Davos por la teología neoliberal que vive la primera fase (la negación) del “síndrome de estrés postraumático”, antes de entrar a la otra fase de la doble depresión (la siquiátrica y la económica).
Con la esperada excepción de los guetos teológicos de los friedmanitas (e itamitas en México, controlados por los fracasados salinistas, zedillistas, aspianos, y ahora calderonistas) concluyó el paradigma pernicioso del thatcherismo y su caricatura estadunidense (reaganomics) con su engendro teratológico tropical: el decálogo neoliberal del Consenso (sic) de Washington.
Mientras los pensadores lúcidos y los samaritanos del planeta se abocan a rehacer un mundo más viable y sustentable, habrá que vivir el calvario inevitable de la “desglobalización”: término acuñado y hecho libro por Bajo la Lupa, que ya empieza a ser usado en la city, la capital devastada de la desregulada globalización financiera.
Sean O’Grady aborda sin complejos la “desglobalización”, su significado (a su juicio) y la razón por la cual Gran Bretaña, la cuna del libre-cambismo y el neoliberalismo, “debe tener miedo” (The Independent, 31/1/09). ¿Cómo no va a tener miedo Gran Bretaña, un archipiélago de un poco más de 200 mil kilómetros cuadrados (la décima parte de México), que dominó al planeta y vivió parasitariamente de él gracias a la triple imposición conjunta (colonial, militar y financiera) de su capitalismo radical que se subsume en el desregulado neoliberalismo global?
La “desglobalización” es mucho más profunda y extensa (no es unidimensionalmente mercantilista), como explayamos en nuestro libro (Hacia la desglobalización, Editorial Jorale, 2007), que el reduccionismo operado por Sean O’Grady y que comprime a un vulgar “proteccionismo”.
El neoproteccionismo con el que ha comenzado a amagar el Congreso de Estados Unidos (Buy American: comprar estadunidense ante todo) tiene sin dormir al primer británico Gordon Brown, quien acaba de deslizar un lapsus linguae freudiano (The Times, 4/2/09) al admitir que su país está por penetrar el infierno de la “depresión” económica (ahora sí que vale hacer la distinción etimológica con su similar siquiátrico).
Aun en su edición reduccionista y bajo la óptica exageradamente anglocentrista, es útil el abordaje de Sean O’Grady sobre la desglobalización: “Gran Bretaña tiene más que perder que la mayoría con el renacimiento del proteccionismo y la desintegración (¡súper sic!) de la economía mundial”. Describe correctamente la dimensión cosmogónica (y agónica) de Gran Bretaña que se encuentra a la deriva: “una de las economías tradicionalmente (sic) más abiertas al exterior, un poder que construyó el mayor imperio que el mundo haya jamás visto, fincado en su comercio internacional”.
Es cierto: Gran Bretaña no sería nada sin su comercio internacional y su legendaria piratería (marítima, económica y financiera). El libre mercado para Gran Bretaña es una necesidad aeróbica y ontológicamente geopolítica por la que se ha consagrado durante más de tres siglos a librar guerras globales con el fin de imponer su modelo parasitario al resto del mundo y que llevó a sus últimas consecuencias con el thatcherismo desbocado y su globalización desregulada, que la colocaron como el primer sitial de las finanzas globales (paradójicamente, con una economía cada vez más en declive).
Sin el parapeto del neoliberalismo global, Gran Bretaña está punto de ser un país menos relevante y de perder su oxigenación financiera que consiguió a costa de la explotación de los países valetudinarios del planeta, aun al precio de guerras depredadoras: desde sus dos “guerras del opio” contra China hasta sus recientes aventuras en Medio Oriente, que dejó devastado después de su colonización.
O’Grady expone que la “historia mercader (sic)” de Gran Bretaña la “dejó con una dependencia todavía importante en las exportaciones para su supervivencia (¡súper sic!) nacional económica”. Es elementalmente entendible que sus ideólogos, desde Adam Smith hasta el thatcherismo, aboguen fanáticamente por el “libre (sic) mercado” (que ni es “libre” ni es “mercado”), su “razón de ser”: “17 por ciento de la producción nacional deriva de bienes y servicios vendidos al exterior”, en comparación con las otras dos potencias marítimas de Estados Unidos (7 por ciento) y Japón (10 por ciento).
Se desprende que Estados Unidos no depende tanto de su comercio con el exterior y que la globalización mercantil fue un contagio británico al que sucumbió teológicamente Reagan. Es decir: si Estados Unidos se protege, después de sus descalabros en todos los rubros de la globalización (la modalidad “financiera”, por suicidio; la “mercantil” frente a China; la “energética” ante Rusia y los países del golfo Pérsico, etcétera) puede recuperar vibrantemente, como en el siglo XIX, cuando prácticamente era autosuficiente, su alicaída manufactura con el fin de crear empleos locales.
No sólo los sindicatos que apoyaron a Obama solicitan una fuerte tajada del paquete de estímulo económico para la manufactura estadunidense, sino también el vicepresidente Joe Biden defendió las provisiones neoproteccionistas (en particular la compra del hierro y el acero de Estados Unidos) agregadas por el Congreso (The Independent, 2/2/09), lo cual erizó los cabellos de Gran Bretaña, Europa, Canadá y China.
O’Grady explica nostálgicamente cómo Gran Bretaña se benefició como nadie de la “integración transfronteriza de la globalización”. Pues sí: “integración” para la anglósfera y “desintegración” para los demás, como México, el cual, en efecto, es el ejemplo perfecto del suicidio económico a partir de haber adoptado el neoliberalismo (en realidad, le fue impuesto a Salinas por Daddy Bush, después de su fraude electoral). Ya desde De la Madrid Hurtado, es decir, desde hace 27 años, no solamente se estancó en un mediocre “crecimiento” de 2 por ciento (el más bajo de Latinoamérica), sino que, peor aún, en su fase terminal, con el calderonismo (la condensación monstruosa del delamadridismo, salinismo, zedillismo y foxismo), ya entró al territorio negativo, con todo y su hilarante cuan delirante gerenciocracia (el “gobierno de los empresarios” parasitarios, al estilo Cemex).
¿Qué advendrá de los flujos de capitales que solían refugiarse en Londres, ahora que su banca especulativa se encuentra postrada en la insolvencia? ¿Quién sustituirá sus servicios financieros, sus seguros y sus consultorías que se habían convertido en una adicción inescapable para los pobres de espíritu, quienes sucumbieron a la intoxicación de la desregulada globalización financiera? Con la inevitable desglobalización –sea en la acepción reduccionista y anglocentrista de O’Grady, sea en nuestra más amplia definición–, se mueren más de tres siglos de la tiranía teológica del libre-cambismo anglosajón.
Hasta hoy se pudo enterrar a Adam Smith, Margaret Thatcher, Fredrich Hayek (con su clón trasatlántico: Milton Friedman y sus Chicago Boys) y Tony Blair (con su alucinación efímera de la tercera vía). Lo más trágico es que en ese lapso nadie había conseguido asesinarlos: se suicidaron.

domingo, 1 de febrero de 2009

Comertarios sobre el artículo de Alfredo Jalife-Rahme


Desde la redacción

Es importante comentar algunos fragmentos de la opinión de Alfredo Jalife-Rahme en su artículo Bajo la Lupa, el análisis de la crisis presentado en Davos resultó triste para los neoliberales que ven como el sistema económico se derrumba y que la oligarquía financiera no encuentra salida en momentos de agravio mundial Jalife enuncia que la “desolación cupular” en Davos, donde los asistentes exhiben un “rostro lastimoso, sombrío y desesperado” (nota: con la excepción de los marineros del Titanic mexicano: Calderón, Zedilo, Gurría y sus amanuenses, quienes andan felices de turistas en la necrópolis de Davos) es la realidad del mundo actual. Pero nuestros políticos que para no variar son los clásicos neoliberales fueron a Suiza con los ánimos en los cielos y nótese que son los únicos en el mundo, para tratar de exportar la idea del fobaproa mexicano como la brillante solución de las crisis mundial y que desde mi punto de vista representó una muy desafortunada participación de los marineros mexicanos como los llama el doctor Jalife.

Resulta significante señalar el párrafo en donde el doctor Jalife señala que Davos 2009 proclamó oficialmente que su sistema se encuentra efectivamente en vías del colapso, que su religión está destruida, que su dios no realiza más reparaciones porque el garaje está abandonado. Quizás este sea el final de una era y que el empuje que han tenido en los últimos años las políticas de izquierda impulsadas por algunos líderes como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y sin lugar a dudas Andrés Manuel López Obrador en México no estén tan lejos de la realidad contemporánea y del futuro cercano. Por último y para reforzar nuestro comentario el doctor Jalife menciona que los políticos mexicanos no entienden que no se trata de una vulgar crisis “a la Zedillo” o “a la Calderón”, sino del fin de un paradigma. El único político mexicano que lo ha entendido y lo ha externado públicamente es AMLO, al unísono de la aplastante mayoría de talentosos mandatarios sudamericanos.


GRACIAS POR LEER ESTE BLOG Y ESPERO MUY PRONTO SUS COMENTARIOS O CONTRIBUCIONES.

BAJO LA LUPA


Los cadáveres de Davos y los marineros del Titanic mexicano


El rotativo británico The Independent (28/1/09) resaltó que Bob Diamond, presidente del atribulado banco Barclays Capital, “uno de los banqueros con los mayores ingresos del mundo, canceló su asistencia” a Davos, que señalamos desde hace tiempo como la nueva necrópolis de la arqueología financiera global.
John Gapper, reportero de The Financial Times (20/1/09), rotativo propagandístico de la globalización neoliberal, no tiene más remedio que describir la “desolación cupular” en Davos, donde los asistentes exhiben un “rostro lastimoso, sombrío y desesperado” (nota: con la excepción de los marineros del Titanic mexicano: Calderón, Zedilo, Gurría y sus amanuenses, quienes andan felices de turistas en la necrópolis de Davos).
De Defensa (“Davos a la deriva”, 20/1/09), centro de pensamiento europeo estratégico, se mofa de los asistentes: “los ricos y los poderosos, los ejecutivos, los mercaderes, los maestros del universo, los reyes del mundo” totalmente “humillados”.
Quienes debieron haber asistido antes que nadie, Obama y Larry Summers (jefe de asesores económicos del recién entronizado presidente, y quien canceló de último minuto ante el segundo oleaje bancario del tsunami financiero que se avecina), tuvieron por lo menos la decencia (y vergüenza: una virtud que sepultaron los neoliberales) de no haberse expuesto, quizá por temor a ser enjuiciados públicamente por errores de sus antecesores. Con todo el respeto a los marineros del Titanic mexicano (Calderón, Zedillo, Gurría y sus amanuenses turísticos), pero nadie los toma en serio ni los registra, como nadie ignora que son insignificantes instrumentos del modelo neoliberal anglosajón y que reciben instrucciones, para no decir órdenes, de Washington.
Hay que reconocer que la prensa británica manifiesta una notable autocrítica, inexistente al otro lado del Atlántico. Julian Glover (The Guardian, 20/1/09) expresa crudamente las exequias de Davos: “fue la fiesta del fin (sic) del Universo. Como una bomba de neutrones destruye las vidas dejando intactas las estructuras, así Davos sigue, mientras la cultura que lo sostiene ha muerto (…) El ambiente está tan quebrado como el de sus bancos”. Agrega que “no existe un sentido real de culpa colectiva, o una seria consideración de qué hacer, más que rehacer el mundo que acaba de ser perdido”. Pues sí: bastaba ver sonrientes a los marineros del Titanic mexicano en medio de las nieves suizas para percatarse de su carencia de culpa (nota: no olvidar que Zedillo, desde el Ejecutivo, y Calderón, desde el Legislativo, aprobaron el Fobaproa/IPAB: el aperitivo local del tsunami financiero global).
Más grave aún: Glover concluye que en Davos “nadie admite que quizá no existe solución, sino declinación”. Hasta donde nos quedamos, en siquiatría la ausencia de culpa y la negación de la realidad se equiparan a una sicosis profunda. Siempre adujimos que el neoliberalismo global es una sicosis teológica.
El epitafio de la necrópolis de Davos este año, adonde asistieron los cadáveres vivientes del neoliberalismo global, fue “transformar (sic) el mundo de la post-crisis”. Si en algún lugar del planeta se configurará el “nuevo orden mundial” justamente no será en la necrópolis de Davos, ahora despreciada hasta por Estados Unidos, el creador irresponsable del tsunami financiero global.
Después de más de tres décadas de reuniones exuberantes del Foro Económico Mundial en Davos, un innegable éxito mercadotécnico pero vacío de concreciones, ¿cuál fue su utilidad tangible para el género humano?
El género humano se acordará de la hoy necrópolis de Davos como el Sodoma y Gomorra de la lascivia financiera y la disolución cerebral a la que más vale no voltear a ver hacia atrás para no quedar petrificados como estatuas de sal.
El problema de la “post-crisis del mundo” a la que alude el epitafio de la necrópolis de Davos es que nadie sabe cuándo advendrá, porque la “crisis” apenas asienta sus reales y no se sabe cuánto durará, mientras los bancos anglosajones no expongan a la luz pública su “nivel 3” incobrable de deuda, adonde arrojaron, mediante trucos contables ya muy vistos, la inmundicia de sus apuestas cibernéticas de “derivados financieros” con los que, a nuestro humilde entender, pretendieron adueñarse masivamente de los ajenos recursos energéticos del planeta. ¿Se les cayó su estratagema financiero-energética de capturar el oro negro de Irak debido a la inesperada derrota de los ejércitos anglosajones?
Para De Defensa, Davos es la “referencia del sistema imperante”, es decir, de la globalización neoliberal: “Davos 2009 proclamó oficialmente que su sistema se encuentra efectivamente en vías del colapso, que su religión está destruida, que su dios no realiza más reparaciones porque el garaje está abandonado”. Se pregunta en forma sarcástica: “¿quién acudirá a Davos el año entrante?” Desde luego que los marineros del Titanic neoliberal mexicano no cesarán de acudir felices aunque se cancele la reunión. Si no, ¿qué otra cosa van a hacer y cómo justificarán su disfuncional existencia?
Frente al cataclismo que legaron los neoliberales globales, los humanos conscientes del planeta, es decir, con la integridad de sus funciones cerebrales superiores, sopesan escenarios que contemplan “una guía de supervivencia”, como Tanya Gold, en The Guardian (“La vida después del Apocalipsis”, 29/1/09). El fin de la desregulada globalización financiera no tendrá un epílogo feliz, por lo que hay que prepararse a todas las eventualidades y a las contingencias humanitarias.
Hasta Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI, adopta la tesis de LEAP/EUROPE 2020, que hemos divulgado religiosamente: “sin una restructuración del sistema bancario, todo el dinero colocado en los estímulos monetario y fiscal irá a dar a un agujero negro” (The Independent, 29/1/09). A juicio del FMI, de nada servirán los recortes de impuestos ni el gasto público ni los estímulos a los empréstitos en todo el mundo, que serán inservibles si el sistema financiero no es reconfigurado.
Los marineros del Titanic mexicano no solamente fueron a hacer el ridículo a la necrópolis de Davos, sino que, peor aún, también asomaron en el Congreso (conformado en su mayoría por neoliberales desfasados) a debatir el hilarante cuan delirante tema “¿Qué hacer (¡súper sic!) para crecer (sic)?”, con la asistencia de cartuchos quemados foráneos y domésticos, y donde dirigen los insípidos y aburridos encuentros los fracasados neoliberales salinistas.
No entienden que no se trata de una vulgar crisis “a la Zedillo” o “a la Calderón”, sino del fin de un paradigma. El único político mexicano que lo ha entendido y lo ha externado públicamente es AMLO, al unísono de la aplastante mayoría de talentosos mandatarios sudamericanos.